Las bestias arremeten contra todo resquicio de tranquilidad,
devoran todo, lo disuelven como esmalte de uñas en acetona.
Todo arde, se desmorona.
La vida es tan lenta y yo tan incapaz de aferrarme a nada.
Como una perfecta naufraga que jamás conoció un puerto.
Me desvisto frente a espejos que no reflejan mi imagen ya borrosa, desgastada por las lagrimas.
Lleno lugares sin física que no significan nada, lugares comunes como el común de mi pena.
Deseo de una vez por todas descansar.
Claro que da miedo estar con una persona como yo, realmente es espantoso y llena de un enorme temor el ser una persona como yo.
Incoherencias. Bah!
martes, 16 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
Un poemita de la Belli que me encanta, es hermoso leerse en otras letras.
NO ME ARREPIENTO DE NADA
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.
Compulsiones
Sinceramente no se de compulsiones, las razones o qué significado tengan.
Sólo sé que son como pequeñas agujas que me perforan las entrañas cuando no puedo existir, y me vuelvo insufrible, nefasta y con algo tengo que desquitarme.
El día de hoy pasó, me desperté sintiéndome sucia, indigna, un mal sueño y todo mi día apesta, mi maldita inseguridad, mi nulidad, esta maldita costumbre de no ser nadie, de ser nada. Me sentí sucia y con pena de mostrarme a los demás, y mi baño pago las consecuencias, me puse a limpiarlo con una obsesividad insana, quería quitarle toda la mugre, quería exorcizarlo de mugres pasadas, de malos olores, quería sacarle todo resto de mierda en él.
Usé ácido muriático y el resto es historia, terminé en el hospital con una crisis asmática y horas y horas de nebulizaciones hasta que conseguí respirar por mi misma.
Tener la máscara de oxígeno puesta era algo chistoso, dentro de todo el drama, de mis labios y uñas cianóticas y de mi voz super ronca, interrumpida por mi respiración acelerada, como queriendo absorber todo el oxígeno, aún asi fué divertido. Me sentí Darth Vader o algo así.
Recordé cuanto odio los hospitales, las salas de emergencia me traen tantísimos malos recuerdos.
Se me figuran al infierno, un lugar repleto de personas que sufren, y rodeados de personas que son total y absolutamente indiferentes al dolor, como si fueran las cosas más opuestas del mundo.
Por un lado tienes a la versión mas vulnerable del ser humano, un humano que sufre, que duele, que teme por su vida.
Y la versión más arrogante e in-humana del humano, seres superiores con el poder de dar o quitar alivio y que jamás te mirarán a los ojos con algo de compasión. Com-pasión, que linda palabra. Pasiones que se comparten.
Nah, de eso no hay ahí.
Linda fama he de tener, que dos personas hicieron comentarios al respecto cuando comenté mi incidente.
Una de plano preguntó si en verdad había sido un accidente.
La otra, me culpó de querer llamar la atención
Mis pequeños y estimados compatriotas, si voy a llamar la atención o a quitarme la vida, definitivamente será con algo más digno que la limpieza de un baño, lo prometo.
lunes, 4 de enero de 2010
Aún más
No Alexandra, no lo niegues.
El alma te pesa y sólo atinas a mirar por la ventana, contener el llanto y componerle versos a todas las cosas invisibles del exterior.
Tu mente vuela al país de los muertos donde eres abrazada por el lenguaje y coronada con violetas.
Mientras tanto, sólo eres esencia presentida por la proximidad de un otro que te nombra.
Propósitos propositivos.
Bien, el año nuevo me representa muchos retos y uno de ellos es la constancia y mi compromiso con la escritura. Así que he decidido retomar este pequeñito al que ya tenía muy abandonado.
Quiero depurar muchas cosas. Así que tomare algunos fragmentos de otros blogs que tenía extraviados por ahí y los pondré aquí, sin ningún afán de recuerdo ni nada por el estilo, sólo para tener todo junto y a partir de eso poder escribir periódicamente.
Espero que esto funcione.
Por el momento, comenzaré con un poema mío.
Si alguien aún lee este blog, los comentarios son bien recibidos.
Pues bien, comenzamos:
Yo no se de la miseria de mi alma que me aprisiona
y me convierte ser caduco ante tus ojos.
Sólo yo, ataviada de mil máscaras,
me presento ante tu sombra intuida
y te llamo con la voz de mi silencio autoimpuesto
a causa de mi vocación reprimida.
Quisiera gritar ante tus labios
que los míos claman por una verdad dirigida
al amor que anida en mis ojos.
Pretendo destruir la noche
y surcar los kilometros insensibles que separan a mi dermis
de tu cabello color olvido.
Si tuviese piernas largas
te propondría trepar por ellas hasta mi vientre,
campo fértil de estallidos orgásmicos
cuando me acaricio en tu nombre.
Pero se que no vendrás, que nunca vendrás,
y que me hallaré desierta como ahora,
vacía de tus ojos y llena una falta que jamás será colmada,
habitada de un deseo indescriptible
de ser una en tus ocasos.
He de hacer pacto con la noche
y rogarle que venga a acariciarme con sus dedos de pureza,
que me haga compañía, que beba café conmigo
y me cuente historias de otros mundos,
otros tiempos, otras vidas,
en las que tú y yo... nos pertenecimos.
Quiero depurar muchas cosas. Así que tomare algunos fragmentos de otros blogs que tenía extraviados por ahí y los pondré aquí, sin ningún afán de recuerdo ni nada por el estilo, sólo para tener todo junto y a partir de eso poder escribir periódicamente.
Espero que esto funcione.
Por el momento, comenzaré con un poema mío.
Si alguien aún lee este blog, los comentarios son bien recibidos.
Pues bien, comenzamos:
Yo no se de la miseria de mi alma que me aprisiona
y me convierte ser caduco ante tus ojos.
Sólo yo, ataviada de mil máscaras,
me presento ante tu sombra intuida
y te llamo con la voz de mi silencio autoimpuesto
a causa de mi vocación reprimida.
Quisiera gritar ante tus labios
que los míos claman por una verdad dirigida
al amor que anida en mis ojos.
Pretendo destruir la noche
y surcar los kilometros insensibles que separan a mi dermis
de tu cabello color olvido.
Si tuviese piernas largas
te propondría trepar por ellas hasta mi vientre,
campo fértil de estallidos orgásmicos
cuando me acaricio en tu nombre.
Pero se que no vendrás, que nunca vendrás,
y que me hallaré desierta como ahora,
vacía de tus ojos y llena una falta que jamás será colmada,
habitada de un deseo indescriptible
de ser una en tus ocasos.
He de hacer pacto con la noche
y rogarle que venga a acariciarme con sus dedos de pureza,
que me haga compañía, que beba café conmigo
y me cuente historias de otros mundos,
otros tiempos, otras vidas,
en las que tú y yo... nos pertenecimos.
jueves, 17 de septiembre de 2009
Incompatible con la vida
Si bien es cierto, y si, táchemente de arrogante si gustan, es que no soy una persona normal, no soy una persona "corriente", me molestan muchas cosas del común de la gente, y si quieren tomarlo así, sí... soy una misántropa. Estoy hasta la madre de la estupidez de la gente, de las personas que no tienen nada productivo que decir, de las personas que hablan y hablan y no sólo escupen mierda, prefiero mil veces el silencio, lo amo y lo abrazo y no quiero que me suelte más. Tengo dos grandes placercer en la vida: la literatura y la música, puedo prescindir facilmente de la gente pero de igual forma soy una de las mejores amigas que jamás podrás tener. Muchos de mis amigos me llaman "vatito" precisamente porque soy, quizá, de las pocas personas que pueden creer en un amistad pura e inocente entre un vato y una vieja sin que haya puteria de por medio. Pero desgraciadamente para la mayoría de los hombres que conozco las cosas no son así, y no que yo sea una lumbrera, pero ¡contras!, hoy en día es dificil encontrar un amigo que apenas se de cuenta de que no tienes mierda en la cabeza y ya quiera echarte los perros, odio a esa gente la verdad. Así como odio a la gente que te quiere cambiar "deberias comportarte como una niña", "esas no son cosas propias de una señorita", "a tu edad deberias pensar en comportarte como una damia".
Lo siento gente corriente, esta es mi forma de ser, y si no molesto a nadie, yo seguiré creciendo.... siempre y cuando la enfermedad no me venza y termine muriendo primero.
Si es así, moriré demasiado satisfecha de haber sido YO
Lo siento gente corriente, esta es mi forma de ser, y si no molesto a nadie, yo seguiré creciendo.... siempre y cuando la enfermedad no me venza y termine muriendo primero.
Si es así, moriré demasiado satisfecha de haber sido YO
viernes, 11 de septiembre de 2009
De vuelta a las andadas
Quién lo iba a decir, cinco meses han pasado ya desde que dejé de escribir.
Cinco meses de estar encerrada y podrirme por dentro, de estar muerta, muerta para mí y para el mundo, puesto que eso es para mí la incapacidad de escribir.
Estoy enferma, realmente enferma, me confieso enferma del alma, del cuerpo, de la mente, de la voluntad (si es que aún queda algo de ella en mí). Enferma del mundo, harta de mí, de mi vida, de mi incapacidad de todo, tengo una congestión en el alma que me pudre el interior, tanto que hasta apesto, en verdad apesto... destilo pestilencia. Estoy podrida como cadaver, soy un cadaver putrefacto que ya ni siquiera deambula por las calles, simplemente se dedica a vegetar, a estar... simplemente me limito a existir y sinceramente me estoy hartando de eso también.
Soy patética, soy patética justo en este instante cuando escribo estas cosas, por patética por la necesidad de sacarlas, no diré más a las personas que me rodean, no veré más caras chocadas de lo patética que es mi vida, de lo dramática que soy, de mi forma tan oscura de padecer la vida, soy patética, insufriblemente patética. Es como si sintiera que cada persona que se entera de mi estado pudiese llevarse un poco de mi pesar, ¿es por eso que lo divulgo en un medio electrónico? ¿es por eso que globalizo mis sentimientos?
Pues bien cohabitante cibernético... gracias por pasar por aquí, toma tu pedazo de mi mierda y emprende la graciosa huida.
Cinco meses de estar encerrada y podrirme por dentro, de estar muerta, muerta para mí y para el mundo, puesto que eso es para mí la incapacidad de escribir.
Estoy enferma, realmente enferma, me confieso enferma del alma, del cuerpo, de la mente, de la voluntad (si es que aún queda algo de ella en mí). Enferma del mundo, harta de mí, de mi vida, de mi incapacidad de todo, tengo una congestión en el alma que me pudre el interior, tanto que hasta apesto, en verdad apesto... destilo pestilencia. Estoy podrida como cadaver, soy un cadaver putrefacto que ya ni siquiera deambula por las calles, simplemente se dedica a vegetar, a estar... simplemente me limito a existir y sinceramente me estoy hartando de eso también.
Soy patética, soy patética justo en este instante cuando escribo estas cosas, por patética por la necesidad de sacarlas, no diré más a las personas que me rodean, no veré más caras chocadas de lo patética que es mi vida, de lo dramática que soy, de mi forma tan oscura de padecer la vida, soy patética, insufriblemente patética. Es como si sintiera que cada persona que se entera de mi estado pudiese llevarse un poco de mi pesar, ¿es por eso que lo divulgo en un medio electrónico? ¿es por eso que globalizo mis sentimientos?
Pues bien cohabitante cibernético... gracias por pasar por aquí, toma tu pedazo de mi mierda y emprende la graciosa huida.
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